La belleza de la ética de Ayn Rand —por Craig Biddle

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Nota: Este ensayo está incluido en la antología Rational Egoism: The Morality for Human Flourishing (Egoísmo Racional: La Moralidad para el Florecimiento Humano), que puede ser un excelente regalo y está disponible en Amazon.com.

Ayn Rand se oponía a la moralidad del autosacrificio, que es inherente a la mayoría de los sistemas filosóficos y a todas las religiones. En su lugar, Ayn Rand abogó por una moralidad del interés propio, la ética Objetivista, la cual, como explicó en su ensayo “Causalidad versus deber”, se resume elegantemente en el proverbio español “Dios dijo: ‘Toma lo que quieras y paga por ello.’”

Ayn Rand era atea, por lo que su uso de “Dios” aquí es metafórico. Por “Dios dijo”, ella quiere decir “la realidad manda”. Ella se refiere al hecho inmutable de que si quieres lograr un efecto (un fin), debes generar su causa (los medios). Esta es la ley de causalidad aplicada a los valores humanos. Nuestros valores —ya sean una carrera maravillosa, una relación romántica, buenas amistades, pasatiempos enriquecedores o libertad política—, no nos llegan automáticamente ni tampoco los perseguimos automáticamente. Si queremos estas cosas, debemos elegir actuar de cierta manera y no de otra. Así es la realidad. Este principio es un absoluto. “Dios dijo.”

“Toma lo que quieras” se refiere al hecho de que los valores humanos son elegidos. El reino de los valores humanos —el reino de la moralidad— es el reino de la elección. Una moralidad adecuada no trata de “mandamientos divinos” (no hay Dios) o de “imperativos categóricos” (no existe tal cosa) o “deberes” (no existen). Más bien, se trata de lo que quieres de la vida y de lo que debes hacer para obtener lo que quieres. Una moralidad adecuada es un conjunto de principios para guiar tus elecciones y acciones hacia una vida de felicidad.

Es importante destacar que, como enfatizó Ayn Rand, esto no hace que la moralidad sea subjetiva. Lo que promueve la vida de una persona está dictado no por sus sentimientos divorciados de los hechos, sino por requerimientos basados en hechos para su vida y su felicidad dada su naturaleza como ser humano. Así como un conejo no puede vivir y prosperar saltando desde los acantilados, y así como un águila no puede vivir y prosperar enterrándose bajo tierra, una persona no puede vivir y prosperar actuando en contra de los requerimientos de su vida.

Somos seres complejos de cuerpo y mente, materia y espíritu, y los requerimientos de nuestra vida y felicidad derivan de ambos aspectos de ese todo integrado que somos. Si queremos saber cuáles son esos requerimientos, debemos identificar los hechos relevantes. Dada nuestra naturaleza, necesitamos ciertos valores para vivir y prosperar. Necesitamos valores materiales como comida, ropa, refugio y medicina; necesitamos valores espirituales, como respeto propio, confianza en uno mismo, amistad y amor romántico; y necesitamos valores políticos, como estado de derecho y libertad política, los cuales nos permiten perseguir nuestros valores materiales y espirituales. Consecuentemente, para vivir y prosperar, debemos sostener y emplear el único valor fundamental que hace posible nuestra identificación y nuestra búsqueda de todos nuestros otros valores: la razón.

La razón es nuestro medio de observar la realidad, formar conceptos, identificar relaciones causales, evitar contradicciones y formar principios sobre lo que es bueno y lo que es malo para nuestra vida. La razón es nuestro único medio de conocimiento y nuestro medio básico de vida. Por lo tanto, si nuestro objetivo es una vida de felicidad, debemos defender la razón como un absoluto; debemos ser racionales por principio.

Ser racional no significa nunca equivocarse; los humanos son seres falibles, y los errores ocasionales son parte de la vida. Tampoco significa reprimir o ignorar los sentimientos de uno; eso no sería racional, ya que los sentimientos son un tipo de hecho de la realidad crucial. Más bien, ser racional significa comprometerse, como una cuestión de principio, a identificar los hechos disponibles y relevantes sobre las alternativas de uno en la vida, a actuar conforme el mejor juicio de acuerdo a lo que uno sabe en un momento dado, y a corregir cualquier error que uno cometa si, y cuando uno los descubre.

Visto desde esta perspectiva, “Toma lo que quieras” no significa: “Guíate por tus emociones sin respetar los hechos y la lógica”. Significa, en cambio: “Usa tu juicio racional para descubrir qué objetivos y curso de acción resultarán en una vida de felicidad, y procede de acuerdo con eso”. Significa: “Toma lo que racionalmente quieres”.

“Paga por ello” se refiere al hecho de que si queremos alcanzar nuestros objetivos, debemos trabajar para lograrlos, debemos generar sus causas. Así lo dice la ley de causalidad. Esto no es una carga, sino una bendición: elegir valores y trabajar para lograrlos —ya sea una carrera en programación de computadoras, una relación romántica con la chica o el chico de nuestros sueños, un viaje en velero por el mundo o una casa de verano en Catskills— no es un proceso para lamentarse. Es parte integral del vivir una vida maravillosa.

Una moralidad adecuada es una herramienta crucial para vivir y amar la vida, y la ética Objetivista es justamente esa moralidad. Sus valores de razón, propósito y autoestima  —junto con sus virtudes de racionalidad, productividad, honestidad, integridad, independencia, justicia y orgullo— están en su conjunto al servicio de ese fin. Son nuestros medios para tomar lo que queremos y pagar por ello.

Tal es la belleza de la ética Objetivista.

Este ensayo fue originalmente publicado en The Objective Standard y fue traducido y publicado aquí con el permiso del autor.