Teoría del Derecho de Ayn Rand: La Base Moral de una Sociedad Libre — por Craig Biddle

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin

Nota: Este ensayo está incluido en la antología Rational Egoism: The Morality for Human Flourishing, que es un excelente regalo y está disponible en amazon.com

¿Qué son los derechos? ¿De dónde vienen? Las respuestas a estas preguntas determinan si uno es capaz de defender una sociedad libre. Si uno no conoce la naturaleza y la fuente de los derechos, no puede saber si los derechos son reales o imaginarios. Y si los derechos no son reales, no hay fundamento para la libertad; los gobiernos y las sociedades podrían hacer lo que les plazca.

Las respuestas tradicionales a las preguntas anteriores se dividen en tres categorías: (1) Los derechos son leyes morales que especifican lo que una persona debe ser libre de hacer, y provienen de Dios. (2) Los derechos son leyes políticas que especifican lo que una persona es libre de hacer y son creadas por los gobiernos. (3) Los derechos son leyes morales que especifican lo que una persona debería tener la libertad de hacer y son inherentes a la naturaleza del hombre. Pero cada una de estas teorías es demostrablemente falsa, y una persona o sociedad que intente defender la libertad en esos términos fracasará en última instancia, como lo están haciendo los estadounidenses hoy en día

Sin embargo, las respuestas de Ayn Rand a las preguntas anteriores son demostrablemente verdaderas, y aquellos que llegan a comprender sus respuestas se preparan para defender la libertad sobre una base filosófica sólida.

Para comprender la teoría de los derechos de Rand y su valor crucial en la causa de la libertad, comencemos con una breve descripción de las teorías tradicionales y sus deficiencias esenciales. Luego pasaremos a la teoría de Rand, veremos cómo resuelve los diversos problemas que las otras teorías dejaron sin resolver y descubriremos cómo fundamenta los derechos en hechos observables.

Teorías Tradicionales de los Derechos y Por Qué Son Incorrectas

Derechos Otorgados por Dios

La idea de que los derechos provienen de Dios es particularmente popular entre conservadores y republicanos. Según esta teoría, un ser todopoderoso, infalible y bondadoso hace la ley moral y otorga derechos al hombre; por lo tanto, los derechos existen desde antes y aparte de cualquier ley hecha por el hombre y no pueden ser otorgados o revocados por el gobierno. Como dice Sarah Palin: “La Constitución no nos otorgó nuestros derechos. Nuestros derechos provienen de Dios y son inalienables. La Constitución creó un gobierno nacional para proteger nuestros derechos inalienables otorgados por Dios ”. 1 Rush Limbaugh está de acuerdo: “Tienes derechos individuales, otorgados por Dios, quien te creó, y nuestros documentos fundacionales los consagran: vida, libertad, búsqueda de la felicidad. Esos derechos no provienen de otros hombres o gobiernos. . . . Vienen de nuestro Creador ”. 2 Newt Gingrich desafía a cualquiera a identificar otra posible fuente de derechos inalienables: “Si tu Creador no te dota de ciertos derechos inalienables, ¿de dónde vienen? ”3 Y James Dobson advierte: “ Si tu dices que los derechos no vienen de Dios, y vienen del Estado, te los podrían quitar ”4.

Pero la teoría de que los derechos provienen de Dios no tiene esperanza. Para empezar, no hay evidencia de la existencia de tal ser, mucho menos de la existencia de derechos que de alguna manera emanan de su voluntad. Que uno crea en Dios o no, no viene al caso aquí. De cualquier manera, el hecho es que no hay evidencia de la existencia de Dios, razón por la cual se supone que se acepta por la fe, en la ausencia de evidencia. Los derechos no respaldados por pruebas no son derechos sino fantasías.

Además, ¿qué significaría para un ser todopoderoso, infalible y bondadoso otorgar derechos al hombre? Seguramente, si Dios existiera y poseyera tales cualidades, podría en cualquier momento derogar esos derechos y matar a la gente a su voluntad (como lo hace en las historias del Antiguo Testamento) u ordenar o permitir que ciertas personas maten, esclavicen o violen a otras (como lo hace en las escrituras del Judaísmo, el Cristianismo y el Islam). Y si Dios, que se supone que es infalible, bueno y el hacedor de la ley moral, cometió o permitió tales actos, entonces tales actos serían, por definición, moralmente buenos. Los “derechos” que pueden revocarse no son derechos sino permisos. Y una “teoría” de los derechos que permite el asesinato, la esclavitud y la violación no es una teoría de los derechos sino una burla de ellos.

La suposición de que los derechos provienen de Dios conlleva problemas adicionales (por ejemplo, qué “Dios”, ¿Yahvé, Brahman, Alá?), pero los defectos anteriores son suficientes para descalificarla. La “teoría” no equivale a una teoría racional sobre una fuente demostrable de derechos inalienables, sino a una fantasía sobre permisos sobrenaturales.

Decir que los derechos provienen de Dios es decir que no hay evidencia que apoye su existencia, que no hay base para ellos en la realidad perceptiva, que no se pueden demostrar racionalmente. Ésta no es una teoría sólida de los derechos; no puede servir como una base sólida sobre la cual abogar o defender la libertad.

Derechos otorgados por el gobierno

Los de la izquierda y los progresistas modernos aprovechan esta aparente ausencia de evidencia. No existe tal cosa como los derechos, dicen, al menos no en el sentido de prerrogativas morales absolutas de vivir la propia vida, según el propio juicio, en pos de la propia felicidad. Los derechos, dice la izquierda, no preceden a las leyes políticas, sino que derivan de ellas: los gobiernos crean leyes y las leyes, a su vez, dictan los derechos y no derechos de las personas que viven bajo esos gobiernos. “Sin un gobierno”, escribe E. J. Dionne, “no hay derechos” 5 . Stephen Holmes y Cass Sunstein explican: “Los derechos son poderes otorgados por la comunidad política”; así, “un interés califica como derecho cuando un sistema legal efectivo lo trata como tal utilizando recursos colectivos para defenderlo”. Holmes y Sunstein concluyen citando favorablemente al filósofo utilitarista Jeremy Bentham, quien dijo que un “derecho” es un “hijo de la ley” 6 y, por tanto, que los “derechos imprescriptibles” (es decir, derechos inalienables) son “tonterías retóricas, tonterías sobre zancos”.

Los derechos, en este sentido, son decretos gubernamentales: si el gobierno dice que tú tienes derecho a tomar una acción en particular (o que se te proporcione un bien o servicio en particular), entonces lo tienes; si el gobierno dice que no, entonces no lo tienes.

Pero esta noción de derechos conlleva una contradicción fundamental. La idea de que los derechos son permisos otorgados por un gobierno (o un sistema legal o una comunidad política o similar) contradice el propósito mismo del concepto de derechos. Los derechos son fundamentalmente un concepto moral; pertenecen a lo que una persona debería tener la libertad de hacer. La función esencial del concepto es especificar aquellas acciones que nadie, incluido el gobierno, puede impedir moralmente que uno lleve a cabo. Si los derechos existen realmente no viene al caso aquí. El propósito del concepto —su función en el pensamiento y la comunicación— es identificar las acciones (reales o imaginarias) que una persona moralmente debe ser libre de realizar y distinguirlas de las acciones que moralmente se le pueden prohibir realizar. Decir que los derechos son decretos gubernamentales implica, entre otras cosas absurdas, que las teocracias islámicas no hacen nada malo al lapidar mujeres adúlteras o colgar a homosexuales, y que los nazis no hicieron nada malo cuando torturaron y mataron a millones de judíos, porque, bueno, los gobiernos involucrados consideraban que esas personas no tenían derechos.

Los “derechos” que pueden ser garantizados o anulados por los gobiernos no son derechos, sino políticas públicas (o leyes), y lógicamente deberían identificarse como tales. Llamarlas “derechos” es abusar del lenguaje.8

La noción de que los gobiernos crean derechos no es una base viable sobre la cual abogar o defender la libertad.

Derechos Naturales

Conscientes de los peligros de los gobiernos que dictan qué “derechos” tiene y no tiene la gente, los pensadores de la Ilustración, los liberales clásicos y los Padres Fundadores buscaron fundamentar los derechos en la naturaleza. Los derechos, ellos postulaban, no nacen de una ley hecha por el hombre, sino de la ley natural, específicamente, la ley moral natural: la ley natural sobre cómo las personas deben y no deben actuar. Como dijo John Locke, hay “una ley de la naturaleza”, y esta ley “enseña a toda la humanidad, si tan sólo fuera consultada, que siendo todos iguales e independientes, nadie debe dañar a otro en su vida, salud, libertad, o posesiones. ”9 Los Fundadores estuvieron de acuerdo. “El hombre”, escribió Thomas Jefferson, está “dotado por la naturaleza de derechos”, 10  y estos derechos son una cuestión de “ley moral”; 11  por lo tanto, son “inherentes”, “inalienables” e “inmutables”. 12 La persona libre reclama “sus derechos como derivados de las leyes de la naturaleza, y no como un regalo de su magistrado”.13

Esta es la opinión de muchos “conservadores constitucionales”, Tea Party y otros que buscan admirablemente defender la libertad. Pero esta teoría tampoco resiste el escrutinio.

La ley “natural” a la que se refieren Locke, Jefferson y los demás pensadores de la Ilustración no es la ley natural sino la ley “sobrenatural”. No proviene de la naturaleza, sino de “Dios”. Como dijo Locke en la versión ampliada del pasaje citado anteriormente: hay una “ley de la naturaleza”, y esta ley enseña a toda la humanidad, si tan sólo fuera consultada, que siendo todos iguales e independientes, nadie debe dañar a otro en su vida, salud, libertad o posesiones: ya que todos los hombres son la obra de un creador omnipotente e infinitamente sabio; todos siervos de un amo soberano, enviados al mundo por orden suya y por sus motivos; son de su propiedad, de su mano de obra, hechos para durar durante su placer y el de nadie más.14

En otras palabras, la “ley de la naturaleza” que da origen a los derechos del hombre es la ley de Dios: Él ordena que somos de su propiedad y debemos servir sus propósitos; por lo tanto, los hombres no pueden hacernos servir sus propios propósitos.15

Jefferson y los demás Fundadores tenían esencialmente la misma visión. “La ley moral de nuestra naturaleza”, escribió Jefferson, es “la ley moral por la cual el hombre ha sido sometido a su Creador”.16

“Bajo la ley de la naturaleza, todos los hombres nacen libres, cada uno viene al mundo con derecho a su propia persona, que incluye la libertad de moverse y usarla a su voluntad. Esto es lo que se llama libertad personal, y es otorgada por el Autor de la naturaleza.”17

Alexander Hamilton escribió:

“Hombres buenos y sabios, de todas las épocas. . . han supuesto que la deidad, debido a las relaciones que mantenemos con él mismo y entre nosotros, ha constituido una ley eterna e inmutable, que es indispensable y obligatoria para toda la humanidad, previa a cualquier institución humana. Esto es lo que se llama ley de la naturaleza. . . . De esta ley dependen los derechos naturales de la humanidad.”18

George Mason escribió: “Las leyes de la naturaleza son las leyes de Dios, cuya autoridad no puede ser reemplazada por ningún poder en la Tierra”.19 Y John Adams escribió que el hombre posee derechos “anteriores a todo gobierno terrenal. Derechos que no pueden ser derogados ni restringidos por leyes humanas. Derechos, derivados del gran Legislador del universo”. 20

Esta es la visión generalmente aceptada sobre la fuente y el significado de los derechos “naturales”. Pero la idea de que los derechos provienen de una ley de la naturaleza creada por Dios está plagada de los mismos problemas que la idea de que los derechos provienen de Dios, porque es la misma idea, aunque con la participación de Dios a un paso de distancia.

Si los derechos naturales provienen de Dios, entonces la prueba de su existencia depende de la prueba de la existencia de Dios y, además, de la prueba de que Dios de alguna manera hace que los derechos existan y que no pueden revocarse. Pero, de nuevo, no hay evidencia de la existencia de Dios, mucho menos de la existencia de leyes morales naturales o derechos inalienables que de alguna manera emanan de su voluntad.

Aceptar la existencia de “Dios” es, en última instancia, aceptarlo por fe; en consecuencia, aceptar la idea de que los “derechos” de alguna manera “vienen de Dios” es basar la defensa de los derechos en la fe. Esta defensa no funcionará. Como observó Ayn Rand: “Apoyar tu caso en la fe significa conceder. . . que uno no tiene argumentos racionales que ofrecer. . . que no hay argumentos racionales para apoyar el sistema estadounidense, no hay justificación racional para la libertad, la justicia, la propiedad, los derechos individuales, que estos se basan en una revelación mística y pueden aceptarse sólo por fe, que en la razón y la lógica el enemigo tiene razón.” 21

Esto es innegablemente cierto.

Con el debido respeto a Locke y los Fundadores (y el respeto debido es monumental), la idea de que los derechos provienen de Dios o de una ley de la naturaleza creada por Dios no sólo no cumple con el requisito de demostrabilidad; también admite que la razón y la lógica están del lado de los tiranos.

Ni la noción de que los derechos provienen de Dios, ni la noción de que provienen del gobierno, ni la noción de que provienen de una ley de la naturaleza creada por Dios es viable. Ninguna de estas teorías identifica una fuente de derechos demostrable y basada en la observación. Ninguno explica racionalmente por qué las personas deberían ser libres de vivir (el derecho a la vida); actuar según su propio juicio, libres de coerción (libertad); para conservar, usar y disponer del producto de su esfuerzo (propiedad); y perseguir las metas y valores de su propia elección (la búsqueda de la felicidad). Ninguno proporciona una base objetiva para la libertad.

En la ausencia de pruebas demostrables de la existencia de los derechos, quienes defienden los derechos no tienen cómo sostener su postura, y los intelectuales modernos lo saben. Como el filósofo Alasdair MacIntyre lo puso, de modo directo y burlón:

“Aquellos derechos que supuestamente pertenecen a los seres humanos como tales y que se citan como razón para sostener que las personas no deben ser interferidas en su búsqueda de la vida, la libertad y la felicidad. . . . los derechos de los que se habla en el siglo XVIII como derechos naturales o como derechos del hombre. . . . no existen tales derechos, y creer en ellos sería como creer en brujas y unicornios.

La mejor razón para afirmar tan tajantemente que no existen tales derechos es precisamente del mismo tipo que la mejor razón que poseemos para afirmar que no hay brujas y la mejor razón que poseemos para afirmar que no hay unicornios: cada  intento de dar buenas razones para creer que existen tales derechos ha fracasado.” 22

Si queremos defender los derechos, tenemos que poder hacer más que decir que los tenemos. Necesitamos poder explicar racionalmente de dónde provienen los derechos y por qué los tenemos. Con ese fin, necesitamos una explicación racional de la ley moral natural, la ley moral derivada no de lo “sobrenatural” sino de la naturaleza real, la ley moral no meramente afirmada sino probada, probada por medio de evidencia y lógica.

Ayn Rand proporcionó precisamente eso.

Al igual que Locke y los Fundadores, Rand sostuvo que las personas tienen derecho a la vida, la libertad, la propiedad y la búsqueda de la felicidad. Pero llegó a esta conclusión de una manera muy diferente a como lo hicieron ellos o cualquier otro defensor de los derechos naturales. Mientras que las concepciones tradicionales de los derechos se basan (en última instancia) en presunciones de Dios, la concepción de Rand se basa en la observación de hechos. Su teoría de los derechos deriva de su teoría más fundamental de la moralidad, que deriva de sus observaciones de la realidad, de la naturaleza de los valores y de los requisitos de la vida. Por lo tanto, para comprender la teoría de los derechos de Rand, debemos comenzar con un breve examen de su teoría de la moralidad y los hechos observables que la originan.

La moralidad basada en la observación, de Ayn Rand.

Nuestro propósito aquí no es desarrollar toda la teoría moral de Rand, que requeriría un libro, sino más bien examinar ciertos aspectos de su ética que son esenciales para comprender su teoría de los derechos. Por lo tanto, quiero enfatizar que el siguiente estudio general no sustituye a un estudio exhaustivo de su ética. 23

La moralidad o ética, observó Rand, “es un código de valores para guiar las decisiones y acciones del hombre, las decisiones y acciones que determinan el propósito y el curso de su vida”.24 Y el primer paso hacia la comprensión de un código de valores, razonó, es comprender la naturaleza de los valores. Por lo tanto, el enfoque de Rand sobre la moralidad no comenzó con la pregunta: ¿Cuál de los códigos existentes debería aceptar? Sino más bien con las preguntas: “¿Qué son los valores?, ¿Por qué los necesita el hombre? ” 25  Estas preguntas desviaron su pensamiento de los puntos de vista establecidos hacia los hechos de la realidad.

Mirando la realidad, Rand observó que un “valor” es “aquello que uno actúa para ganar y / o conservar”. 26 Podemos ver la verdad de esto a nuestro alrededor: la gente actúa para ganar y conservar dinero; valoran el dinero. Los estudiantes actúan para obtener y mantener buenas calificaciones; valoran las buenas notas. Los feligreses actúan para ganar o mantener una relación con “Dios”; valoran esa relación. Las personas actúan para desarrollar carreras satisfactorias, para establecer y mantener relaciones románticas, para ganar y mantener la libertad, etc. Las cosas por las que actuamos para ganar o conservar son nuestros valores. Y la palabra clave aquí es: actos. Los valores son objetos de acciones. (Por favor, tome nota especial de esto, ya que es un aspecto crucial de la derivación de los principios morales de Rand, incluido el principio de derechos. Observaremos la relación de acciones y valores repetidamente y con creciente importancia a lo largo del resto de este ensayo).

Al observar la realidad, Rand vio además que este fenómeno involucra no sólo a los seres humanos sino a todos los seres vivos, y sólo a los seres vivos. Podemos ver esto: los árboles, los tigres y las personas toman acciones para alcanzar sus metas. Las rocas, los ríos y los martillos no. Los árboles, por ejemplo, extienden sus raíces hacia el suelo y sus ramas y hojas hacia el cielo; valoran los minerales, el agua y la luz solar. Los tigres cazan antílopes y duermen bajo los árboles; valoran la carne y la sombra. Este patrón continúa en todo el reino vegetal y animal: todos los seres vivos emprenden acciones autogeneradas y dirigidas a objetivos.

 Las cosas sin vida, por otro lado, no realizan tal acción. Pueden moverse, pero no pueden actuar, no en el sentido autogenerado y dirigido a objetivos en el que lo hacen los seres vivos. Una roca simplemente permanece donde está a menos que alguna fuerza externa, como una ola o un martillo, la golpee y la mueva. Un río fluye, pero su movimiento no se genera por sí mismo; el agua se mueve sólo por medio de alguna fuerza externa, en este caso, la atracción gravitacional de la tierra. Y un martillo, por sí solo, no rompe rocas ni clava clavos; no genera su propia acción.

Rand observó que la razón por la que los objetos inanimados no actúan en el mismo sentido que lo hacen los seres vivos es que no tienen necesidades y, por lo tanto, no tienen los correspondientes medios de acción. Sólo los organismos vivos tienen necesidades, metas o valores; en consecuencia, sólo ellos tienen los medios para actuar hacia tales fines.

Habiendo aclarado que un valor es aquello que uno actúa para ganar o conservar, y que sólo los seres vivos persiguen valores, Rand procedió a preguntar: ¿Por qué los seres vivos buscan valores? ¿Para qué sirven los valores? “El concepto ‘valor’ no es primario”, observó Rand. “Presupone una respuesta a la pregunta: ¿De valor para quién y para qué? Supone una entidad capaz de actuar para lograr un objetivo frente a una alternativa ”. Un árbol enfrenta la alternativa de alcanzar el agua y la luz del sol, o no. Un tigre se enfrenta a la alternativa de atrapar y mantener a su presa, o no. Y una persona enfrenta la alternativa de lograr sus metas, o no. Los objetos que un ser vivo actúa para ganar o conservar son sus valores, valores para él.

Eso responde a la pregunta: “¿a quién?” Pero la pregunta “¿para qué?” permanece.

¿Qué diferencia hace que un organismo alcance sus metas o no? ¿Qué pasa si tiene éxito? ¿Qué pasa si falla? ¿Qué está en juego en última instancia? Aquí está el pasaje clave de Rand sobre el tema:

“Solo hay una alternativa fundamental en el universo: existencia o no existencia, y pertenece a una sola clase de entidades: los organismos vivos. La existencia de materia inanimada es incondicional, la existencia de vida no lo es: depende de un curso de acción específico. La materia es indestructible, cambia de forma, pero no puede dejar de existir. Es sólo un organismo vivo el que se enfrenta a una alternativa constante: el tema de la vida o la muerte. La vida es un proceso de acción autosostenida y autogenerada. Si un organismo falla en esa acción, muere; sus elementos químicos permanecen, pero su vida deja de existir.”27

La razón por la que los seres vivos necesitan valores es: vivir. La respuesta a la pregunta “¿para qué?” es: para la vida. La vida es condicional: si un ser vivo realiza las acciones necesarias para permanecer vivo, permanece vivo; si, por alguna razón, no realiza esas acciones, muere. Y los seres humanos no son una excepción a este principio. La gente necesita valores por la misma razón que las plantas y los animales: para sustentar y promover su vida.

Sobre la base de tales observaciones, Rand descubrió que la vida de un organismo es su valor último y, por lo tanto, su estándar de valor, el estándar por el cual todos sus demás valores y acciones deben ser evaluados. El estándar de valor de un árbol son los requisitos de su vida establecidos por su naturaleza. El estándar de valor de un tigre son los requisitos de su vida establecidos por su naturaleza. Y el estándar de valor de un hombre son los requisitos de su vida establecidos por su naturaleza.

Ahora bien, nuestro propósito aquí no es examinar todos los matices de la prueba de que la vida de un organismo es su estándar de valor, ni abordar todas las objeciones que puedan surgir a la idea.28 Más bien, nuestro propósito es examinar los hechos esenciales que dan lugar al principio, para ver en general cómo están anclados en la realidad perceptiva y, en última instancia, ver cómo este principio subyace y da lugar al principio de derechos. Con ese fin, nos centraremos en algunos componentes cruciales.

Al responder la pregunta “¿Por qué el hombre necesita valores?” Rand mantuvo su pensamiento orientado a los hechos. Si el hombre necesita valores, entonces la razón por la que los necesita contribuirá en gran medida a establecer qué valores son legítimos y cuáles no. Si el hombre no necesita valores, bueno, entonces no los necesita, y no tiene sentido seguir el tema en absoluto.29 Rand descubrió que el hombre necesita valores, y la razón por la que los necesita es vivir. Los valores morales, valores en el ámbito de la elección humana, son hechos en relación con los requisitos de la vida del hombre.

Debido a que poseemos libre albedrío, elegimos nuestros valores; por lo tanto, podemos elegir valores objetivamente legítimos que sirven a la vida (por ejemplo, seguir una carrera maravillosa, permanecer con un cónyuge digno, establecer y mantener una sociedad civilizada), o valores objetivamente ilegítimos que frustran la vida (por ejemplo, inyectarse heroína, quedarse con un cónyuge abusivo o defender el comunismo o la sharia). Pero sean cuales fueran nuestras elecciones, estos hechos permanecen: la única razón por la que podemos perseguir valores es porque estamos vivos, y la única razón por la que necesitamos perseguir valores es para poder vivir. Este principio doble basado en la observación es esencial para comprender cómo la moralidad —y, a su vez, el principio de los derechos— se basa en los hechos inmutables de la realidad: sólo la vida hace posibles los valores y sólo la vida hace que los valores sean necesarios. O: Tenemos que estar vivos para perseguir valores, y tenemos que perseguir valores para mantenernos vivos.

Se trata de hechos que vienen de la metafísica: hechos sobre la naturaleza fundamental de la realidad, sobre cómo es el mundo, independientemente de lo que alguien espere, sienta, oiga o elija. Y dan lugar a un principio epistemológico crucial: un principio que pertenece al uso correcto e incorrecto del concepto de “valor”. Citando a Rand:

“Metafísicamente, la vida es el único fenómeno que es un fin en sí mismo: un valor ganado y mantenido por un proceso constante de acción. Epistemológicamente, el concepto de “valor” depende genéticamente y se deriva del concepto antecedente de “vida”. Hablar de “valor” como algo aparte de “vida” es peor que una contradicción de términos. “Es solo el concepto de ‘Vida’ lo que hace posible el concepto de ‘Valor'”. 30

La razón por la que hablar de valor como algo aparte de la vida es peor que una contradicción de términos es que hacerlo es arrancar el concepto de valor de su fundamento conceptual, el fundamento sobre el que depende jerárquicamente y en relación con el cual tiene significado objetivo. Arrancado del concepto de vida, el concepto de valor no tiene fundamento en la realidad; está separado de su base fáctica y, por lo tanto, equivale a un enunciado subjetivo. Hablar de valor como algo aparte de la vida es cometer lo que Rand llamó “la falacia del concepto robado”, que consiste en utilizar un concepto ignorando o negando un concepto más fundamental del que lógicamente depende. 31

El concepto de valor tiene sus raíces en el concepto de vida. Valor significa “aquello hacia lo que actúa un ser vivo”. Y el valor moral —valor propio de los seres humanos— significa “aquello hacia lo que una persona actúa de acuerdo con las exigencias de la vida humana”.

Rand observó además que debido a que los seres humanos son individuos, cada uno con su propio cuerpo, su propia mente, su propia vida, este estándar se aplica a los seres humanos como individuos. La vida del hombre es el estándar de valor moral, y la propia vida de cada individuo es su propio valor último. Cada individuo es moralmente un fin en sí mismo, no un medio para los fines de los demás.32  El principio moral aquí es el egoísmo.

El egoísmo es el reconocimiento del hecho de que cada individuo debe actuar para promover su propia vida y es el beneficiario adecuado de su propia acción moral.33 La validez de este principio está implícita en la naturaleza misma de los valores. Un valor es el objeto de una acción realizada por un organismo vivo para mantener y promover su vida. Una vez más, el hecho de que las personas puedan elegir valores antivida no cambia las raíces del concepto de valor o el hecho de que los únicos valores legítimos demostrables son los que promueven la propia vida.

Es importante destacar que el egoísmo (entendido correctamente) no es hedonismo o subjetivismo; no tiene el “placer” o los “sentimientos” como estándar de valor. Una persona puede encontrar placer en acciones que no son buenas para su vida; por ejemplo, una bailarina puede disfrutar comiendo un montón de pastel y helado, pero si al hacerlo engorda demasiado, arruinará su carrera como bailarina. Asimismo, una persona puede sentir ganas de hacer algo que no es bueno para su vida; por ejemplo, un vendedor puede tener ganas de dormir una mañana, pero si hacerlo significa perderse una reunión crucial y perder a un cliente importante, no le conviene hacerlo.

Al observar la realidad, Rand vio que, aunque experimentar placer y, en términos más generales, alcanzar la felicidad, son aspectos cruciales de la vida humana, no son ni pueden ser el estándar de valor moral. La “felicidad”, observó Rand, “puede ser propiamente el propósito de la ética, pero no el estándar. La tarea de la ética es definir el código de valores adecuado para el hombre y, por lo tanto, darle los medios para alcanzar la felicidad “. Ella elaboró la relación de la siguiente manera:

“El mantenimiento de la vida y la búsqueda de la felicidad no son dos temas separados. Tener la propia vida como el valor máximo y la propia felicidad como el propósito más elevado son dos aspectos del mismo logro. Existencialmente, la actividad de perseguir metas racionales es la actividad de mantener la vida de uno; psicológicamente, su resultado y recompensa, es un estado emocional de felicidad.

Pero la relación de causa a efecto no se puede revertir. Es sólo aceptando la “vida del hombre” como primordial y persiguiendo los valores racionales que requiere que uno pueda alcanzar la felicidad; no tomando la “felicidad” como algo primario indefinido e irreductible y luego tratando de vivir de acuerdo con su guía. Si logras aquello que es bueno mediante un estándar racional de valor, necesariamente te hará feliz; pero aquello que te hace feliz, según algún estándar emocional indefinido, no es necesariamente lo bueno.” 34

Sobre la base de tales observaciones, Rand concluyó y validó el principio dual de que la vida del hombre es el estándar objetivo del valor moral y el logro de la felicidad es el propósito moral de la vida de cada individuo.

Esto nos lleva a la pregunta: ¿Cómo podemos saber qué acciones servirán a nuestra vida y felicidad? ¿Qué debemos hacer para vivir y prosperar? Para responder a esta pregunta, Rand volvió a mirar la realidad y formuló principios sobre la base de la observación.

Rand vio que el hombre, como todos los seres vivos, tiene medios de supervivencia. Mientras que las plantas sobreviven por medio de un proceso vegetativo automático (fotosíntesis), y mientras que los animales sobreviven por medio de procesos instintivos automáticos (cazar, huir, construir nidos, etc.), el hombre sobrevive por medios volitivos, eligiendo usar su mente para identificar y perseguir los requerimientos de su vida.

Si bien la decisión de utilizar la mente depende del individuo (se puede optar por hacer un esfuerzo mental o no), los requerimientos básicos de la vida del hombre los establece su naturaleza. Son hechos dados metafísicamente. Necesitamos comida, ropa, refugio, medicinas y otros bienes materiales para vivir y prosperar. También necesitamos confianza en nosotros mismos, metas personales, amor romántico y otros valores espirituales para florecer. Más fundamentalmente, necesitamos el conocimiento de tales necesidades y el conocimiento de cómo adquirirlas. Entonces, la pregunta es: ¿Qué debemos hacer para obtener tal conocimiento y adquirir tales valores?

Rand observó que, ante todo, debemos utilizar la razón, la facultad que identifica e integra el material proporcionado por los sentidos del hombre. La razón es nuestro medio para comprender el mundo, nosotros mismos y nuestras necesidades; por tanto, si queremos obtener tal comprensión, debemos utilizarla; debemos observar la realidad y pensar.

“El hombre no puede sobrevivir, como lo hacen los animales, con la guía de meras percepciones. Una sensación de hambre le dirá que necesita comida (si ha aprendido a identificarla como “hambre”), pero no le dirá cómo obtener su comida y no le dirá qué comida es buena o venenosa para él. No puede satisfacer sus necesidades físicas más simples sin un proceso de pensamiento. Necesita un proceso de pensamiento para descubrir cómo plantar y cultivar sus alimentos o cómo fabricar armas para cazar. Sus percepciones pueden llevarlo a una cueva, si hay alguna disponible, pero para construir el refugio más simple, necesita un proceso de pensamiento. Ninguna percepción o “instinto” le dirá cómo encender un fuego, cómo tejer telas, cómo forjar herramientas, cómo hacer una rueda, cómo hacer un avión, cómo realizar una apendicectomía, cómo producir una bombita eléctrica o un tubo electrónico o un ciclotrón o una caja de fósforos. Sin embargo, su vida depende de tal conocimiento, y sólo un acto volitivo de su consciencia, un proceso de pensamiento, puede proporcionarlo.” 35

Y la razón no es sólo nuestro medio de adquirir conocimiento de nuestras necesidades físicas; también es nuestro medio de adquirir conocimiento de nuestras necesidades espirituales. Es por medio de la razón que aprendemos qué es la confianza en nosotros mismos, por qué la necesitamos y cómo ganarla; la importancia de las metas a largo plazo, cuáles servirán para nuestra vida y felicidad y cuáles no; la naturaleza del amor y cómo construir y mantener una maravillosa relación romántica; y así sucesivamente. No nacemos con tal conocimiento; si y en la medida en que lo ganamos, lo hacemos por medio de la razón.

Sobre la base de tales observaciones, Rand identificó la razón como nuestro medio fundamental de vida, nuestro valor básico al servicio de la vida y, por lo tanto, nuestro valor moral básico. Si queremos vivir y prosperar, debemos usar la razón: debemos observar la realidad y pensar; debemos integrar nuestras observaciones en conceptos, generalizaciones y principios que correspondan a la realidad; y debemos actuar en consecuencia.

Aquí está nuevamente el hilo de la acción, pero ahora con otro elemento incorporado: mientras que todos los seres vivos deben actuar para vivir, los seres humanos deben actuar racionalmente. Esto no significa que siempre debamos estar en lo correcto o nunca cometer errores; ese sería un estándar imposible. No somos omniscientes ni infalibles; nuestro conocimiento se limita a todo lo que hemos aprendido en un momento dado, y podemos equivocarnos en nuestros procesos de pensamiento, conclusiones y juicios. Sin embargo, esto no es un problema, porque siempre podemos obtener conocimientos adicionales o corregir errores aplicando o volviendo a aplicar la razón: mirando la realidad, integrando nuestras observaciones en conceptos y generalizaciones y comprobando las contradicciones en nuestro pensamiento.

El principio moral es: si queremos vivir y prosperar, siempre debemos actuar de acuerdo con nuestro juicio racional, nuestro medio básico de vida.36 Y esto nos lleva a la pregunta: ¿Qué puede impedirnos actuar de acuerdo con nuestro juicio?

Al observar la realidad, Rand observó que lo único que puede evitar que una persona actúe según su propio juicio son los demás; y la única forma en la que pueden detenerla es mediante la fuerza física. 37  Para ver esto claramente, supongamos que te encuentras solo en una isla. ¿Qué puede impedirte actuar según tu criterio? Nada puede. Si decides que deberías ir a pescar o recoger algunas bayas o construir un refugio, puedes hacerlo. Pero supongamos que otra persona rema hasta la isla, salta de su bote y te ata a un árbol. Claramente, ya no eres libre de actuar según tu propio juicio. Si habías planeado ir a pescar, no puedes ir. Si habías planeado construir un refugio, no puedes hacerlo. Cualesquiera que fueran tus planes, ahora están arruinados y, si no te liberas de las ataduras, pronto morirás.

La fuerza bruta se interpuso entre tu pensamiento y tu accionar, entre lo que planificas y lo que haces. Ya no puedes actuar según tu criterio; ya no puedes actuar como lo requiere tu vida; ya no puedes vivir como un ser humano. Por supuesto, el bruto podría alimentarte y mantenerte respirando; pero una “vida” de esclavitud no es una vida humana. Una vida humana es una vida guiada por el juicio de la propia mente.

Para vivir como un ser humano, una persona debe poder actuar según su propio juicio; lo único que puede evitar que lo haga son otras personas; y la única forma en que pueden detenerlo es mediante la fuerza física.

Este principio se mantiene independientemente de la ubicación, independientemente del tipo de fuerza utilizada (un arma en la cabeza, fraude, amenaza de encarcelamiento, etc.), independientemente de quién use la fuerza (un individuo, un grupo o un gobierno), e independientemente de la medida en que se utilice la fuerza. Algunos ejemplos lo confirmarán.

Supongamos que una mujer camina hacia una tienda con la intención de usar su dinero para comprar alimentos y un matón salta de un callejón, le pone una pistola en la cabeza y le dice: “Dame tu bolso o muere”. Ahora la mujer no puede actuar de acuerdo con su plan. O le dará su bolso al ladrón o le dispararán en la cabeza. De cualquier manera, ella no irá de compras. Si le entrega su bolso al ladrón, y si él huye sin dispararle, ella puede continuar actuando según su criterio, pero, lo que es más importante, no con respecto al dinero robado. Aunque el ladrón se ha ido, el efecto de su fuerza permanece. Al quedarse con el dinero de la mujer, continúa impidiéndole que lo gaste y, en esa medida, continúa impidiéndole actuar según su criterio. Esta fuerza continua no frustra su vida totalmente, pero sí frustra su vida parcialmente: si tuviera su dinero, lo gastaría o lo ahorraría; pero como el ladrón tiene su dinero, no puede hacer ninguna de las dos cosas. No puede usar su dinero como quiere y su vida es, en esa medida, sofrenada. 

Independientemente del grado en que se utilice la fuerza física contra una persona, ésta obstaculiza su capacidad para actuar según su juicio, su medio básico de vida.

Tome otro ejemplo. Suponga que un hombre lee un anuncio de un automóvil usado y va a verlo. El propietario asegura al hombre que la lectura del odómetro del automóvil es correcta; esto, sin embargo, no es cierto, y el propietario lo sabe porque él mismo hizo bajar el kilometraje. Sin embargo, por lo que el hombre puede saber, el dueño está siendo honesto y todo parece estar en orden; entonces compra el coche y se lo lleva. Pero observe que el hombre no está conduciendo el automóvil que esperaba; no está conduciendo el coche que estaba dispuesto a comprar. Sin que él lo sepa, está conduciendo un automóvil diferente, uno con mayor kilometraje que el que estaba dispuesto a pagar. Al mentirle al hombre sobre el kilometraje del automóvil y vendérselo sobre la base de esa información falsa, el delincuente ha defraudado al hombre. Debido a que la voluntad del hombre de cambiar su dinero por el automóvil se basó en parte en la mentira del delincuente, el delincuente ha ganado y ahora se queda con el dinero del hombre contra su voluntad. Al hacerlo, el ladrón está forzando físicamente al hombre a actuar en contra de su juicio. Al tomar y quedarse con el dinero del hombre de manera fraudulenta, el ladrón le impide físicamente gastarlo o ahorrarlo como lo hubiera hecho de otra manera.

El fraude, el acto de obtener o conservar la propiedad de alguien mediante el engaño, es una forma de fuerza física indirecta. Es fuerza física porque, aunque indirecta, impide físicamente la capacidad de la víctima para actuar plenamente de acuerdo a su juicio. Otros tipos de fuerza física indirecta incluyen la extorsión, el acto de obtener o conservar la propiedad de alguien mediante la amenaza distante de la fuerza; infracciones de derechos de autor y patentes, actos de uso indebido de la propiedad intelectual de alguien (y, por lo tanto, afectar su capacidad para actuar en consecuencia); calumnia, el acto de hacer declaraciones falsas que dañan la reputación de una persona (y por lo tanto retardan su capacidad para actuar en consecuencia); incumplimiento unilateral de contrato, el acto de negarse a entregar bienes o servicios que uno ha acordado entregar; etcétera. En todos estos casos, aunque la fuerza es indirecta, sigue siendo física: cuando y en la medida en que se usa, impide físicamente a la víctima actuar de acuerdo a su juicio.

Ya sea directa o indirecta, la fuerza física utilizada contra una persona le impide vivir plenamente como ser humano: en la medida en que se utiliza, le impide emplear sus medios de supervivencia: el juicio de su mente.

Es importante destacar que los matones y delincuentes solitarios no son los únicos autores de la fuerza física; ni son los más peligrosos. Como deja en claro la historia, los agentes de fuerza más peligrosos, por mucho, son los gobiernos. “Un gobierno”, observó Rand, “tiene el monopolio legal sobre el uso de la fuerza física”.

“Ningún individuo o grupo privado u organización privada tiene el poder legal para iniciar el uso de la fuerza física contra otros individuos o grupos y obligarlos a actuar en contra de su propia elección voluntaria. Sólo un gobierno tiene ese poder. La naturaleza de la acción gubernamental es: acción coercitiva. La naturaleza del poder político es: el poder de forzar la obediencia bajo amenaza de daño físico, la amenaza de expropiación de propiedad, encarcelamiento o muerte. “38

Hoy en día, todo el mundo sabe que gobiernos como los regímenes nazi, comunista y teocrático han torturado, masacrado y arruinado la vida de cientos de millones de personas (y seguimos contando). Una persona forzada por un gobierno a un laboratorio de eugenesia o un campo de concentración no puede vivir como un ser humano, porque no puede actuar según el juicio de su mente. Una persona obligada por un gobierno a convertirse en agricultor o bailarín o físico no puede vivir como un ser humano, porque no puede actuar según su propio juicio. Y una mujer obligada por un gobierno a usar una burka, o quedarse con su esposo, o quedarse en casa, no puede vivir como un ser humano porque no puede actuar por ella misma.

Pero los gobiernos también pueden y, desafortunadamente usan la fuerza física contra las personas de maneras más sutiles y menos obvias.

Considere, por ejemplo, Anna Tomalis de Clarksville Maryland. En 2004, cuando Anna tenía diez años, le diagnosticaron una forma poco común de cáncer de hígado. Después de que la cirugía y la quimioterapia no lograron detener el cáncer, sus médicos le dijeron que no podían hacer nada más. Así que Anna y sus padres buscaron en la web y descubrieron medicamentos experimentales que, en ensayos clínicos, habían prolongado la vida de pacientes con el mismo tipo de cáncer. Anna y sus padres se sintieron aliviados: a su juicio, estos fármacos experimentales valían los riesgos que implicaba tomarlos.

Pero el gobierno de Estados Unidos prohibió a la niña moribunda tomar los medicamentos porque la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) no los había aprobado. Cuando se le preguntó en una entrevista qué pensaba de esta situación, Anna respondió: “Sé que existen otras drogas para mí ahí afuera. No estoy contenta con esto. No creo que esté bien “. La madre de Anna suplicó al Congreso que aprobara un proyecto de ley que le hubiera permitido a Anna tomar las drogas: “Por favor, ayúdenla. Ella quiere sobrevivir ”.39 Pero el Congreso no aprobó el proyecto de ley.

Anna escribió a la FDA solicitando una “exención por uso compasivo” que, si se concedía, le permitiría tomar los medicamentos. Pero los burócratas de la FDA se tomaron su tiempo. Pasaron meses antes de que revisaran la solicitud de Anna y le concedieran su permiso. Para entonces ya era demasiado tarde. Aunque los medicamentos podrían haber salvado o prolongado la vida de Anna si hubiera tenido la libertad de tomarlos antes, en este punto el cáncer se había extendido demasiado y los medicamentos no podían detenerlo. Después de recibir solo una ronda de tratamiento, murió de la enfermedad. Tenía entonces trece años.

El problema de que las personas se vean obligadas a actuar en contra de su juicio es una cuestión de vida o muerte. En algunos casos, tal fuerza resulta en una existencia infrahumana. En otros casos, significa dejar de existir. En todos los casos, frustra los medios de vida básicos de las personas y, por lo tanto, les impide vivir plenamente como seres humanos.

Considere algunos más de los innumerables casos de uso de la fuerza contra los estadounidenses en el día a día. Estamos cargados de leyes que obligan a todos a comprar un seguro médico (ObamaCare), leyes que obligan a los banqueros a prestar dinero a personas que consideran no solventes (Community Reinvestment Act), leyes que obligan a los ciudadanos a rescatar a los banqueros que quebraron (TARP) , leyes que obligan a los propietarios a entregar su propiedad por el “bien mayor” (dominio eminente), leyes que prohíben a los empresarios fusionar sus empresas (antimonopolio), leyes que prohíben a los mensajeros entregar correos (monopolio postal), leyes que obligan a las personas a pagar por la educación de los hijos de otras personas (escuelas administradas por el gobierno), leyes que obligan a los estadounidenses más jóvenes a pagar la atención médica y la jubilación de los estadounidenses mayores (Medicare y Seguridad Social), leyes que obligan a los estudiantes a ser “voluntarios” en sus comunidades, leyes que prohíben a empleadores y empleados a contratar de acuerdo con su propio juicio (leyes de salario mínimo), leyes que obligan a los fabricantes de automóviles a “contratar” con sindicatos en términos que son perjudiciales para sus negocios (Ley Nacional de Relaciones Laborales), y así sucesivamente. En todos estos casos, las personas se ven obligadas a actuar en contra de su propio juicio, en contra de sus medios básicos de vida; por lo tanto, no pueden vivir plenamente como seres humanos.

Por supuesto, la gente puede permanecer viva bajo este tipo y grado de fuerza; pero en la medida en que se use alguna fuerza contra ellos, no pueden vivir plenamente como seres humanos. Una vida humana es una vida guiada por el juicio de la mente.

Sobre la base de tales observaciones, Ayn Rand estableció el caso objetivo y basado en hechos para los derechos individuales.

Principio de derechos basado en la observación, de Ayn Rand

Rand razonó que debido a que la vida del hombre es el estándar de valor moral, debido a que cada persona debe actuar para sostener y promover su propia vida, y debido a que la fuerza física utilizada contra una persona le impide actuar en base a sus medios básicos de vida, necesitamos un principio moral para protegernos de las personas y los gobiernos que intentan usar la fuerza contra nosotros. Ese principio involucra el concepto de derechos.

“Los “derechos” son un concepto moral, el concepto que proporciona una transición lógica de los principios que guían las acciones de un individuo a los principios que guían su relación con los demás; el concepto que preserva y protege la moralidad individual en un contexto social; el vínculo entre el código moral de un hombre y el código legal de una sociedad, entre la ética y la política. Los derechos individuales son el medio de subordinar la sociedad a la ley moral“.40

La ley moral de la que habla Rand aquí es el principio del egoísmo: la verdad moral basada en la observación de que cada individuo debe actuar para promover su propia vida y es el correcto beneficiario de sus propias acciones. Los derechos individuales son el medio de subordinar la sociedad a la verdad del egoísmo.

Un “derecho”, continúa Rand, “es un principio moral que define y sanciona la libertad de acción de un hombre en un contexto social”. 41 Una vez más, la palabra clave es acción. Así como a nivel personal necesitamos principios de acción que nos guíen en la búsqueda de nuestros valores que sirven a la vida, en el nivel social necesitamos principios de interacción para protegernos de aquellos que intentan interferir con nuestros planes. Y así como nuestro valor último es nuestra propia vida, nuestro derecho fundamental es nuestro derecho a nuestra propia vida.

“Sólo hay un derecho fundamental (todos los demás son sus consecuencias o corolarios): el derecho del hombre a su propia vida. La vida es un proceso de acción autosuficiente y autogenerada; el derecho a la vida significa el derecho a participar en la acción sustentable y autogenerada, que significa: la libertad de realizar todas las acciones requeridas por la naturaleza de un ser racional para el apoyo, el avance, la realización y el disfrute de su propia vida (tal es el significado del derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.)”42

Nótese la referencia de Rand al hecho observable de que la vida es un proceso de acción autosuficiente y autogenerada. Nuevamente, este es un hecho metafísicamente dado; así es el mundo, independientemente de lo que alguien espere, sienta, desee o haga. La vida depende de dicha acción, y la vida humana depende de la acción racional, acción en concordancia con el propio juicio. Debido a que la vida de cada individuo requiere una acción autogenerada y dirigida a un objetivo de acuerdo con su propio juicio, cada individuo moralmente debe ser libre para actuar según su propio juicio, y cada individuo moralmente debe dejar a los demás libres para actuar según el suyo.

Rand observó además que debido a que un derecho es una sanción a la acción, no es ni puede ser una sanción para recibir bienes o servicios. Si una persona tiene el “derecho” a recibir comida, una casa, atención médica, educación o similares, eso implicaría que otras personas deben ser obligadas a proporcionar esos bienes o servicios. Significa que algunas personas deben producir mientras que otras disponen de ese producto. Como dijo Rand: “El hombre que produce mientras otros disponen de su producto es un esclavo”.

“Si algunos hombres tienen derecho a los productos del trabajo de otros, significa que esos otros están privados de derechos y condenados al trabajo esclavo. Cualquier supuesto “derecho” de un hombre que requiera la violación de los derechos de otro, no es ni puede ser un derecho. Ningún hombre puede tener derecho a imponer una obligación no elegida, un deber injustificado o una servidumbre involuntaria a otro hombre. No puede existir el “derecho a esclavizar”.” 43

El Norte luchó (y afortunadamente ganó) una guerra vital contra el Sur sobre el principio de que no puede existir el derecho a esclavizar. Rand dejó explícitamente la razón fundamental por la que este principio es verdadero. La razón por la que la vida de cada individuo debería pertenecerle legalmente es que, de hecho, la vida de cada individuo, pertenece moralmente a sí mismo. Cada individuo es moralmente un fin en sí mismo, no un medio para los fines de los demás. Cada individuo tiene el derecho moral de actuar según su propio juicio por su propio bien, y de conservar, usar y disponer del producto de su esfuerzo, siempre que respete el mismo derecho de los demás.

Esto nos lleva a la pregunta: ¿Qué es lo que obliga a una persona a respetar los derechos de los demás? Una vez más, la respuesta de Rand se deriva de hechos observables, muchos de los cuales hemos visto en este ensayo (y otros pueden verse en una presentación completa de la moralidad del egoísmo).

En esencia, lo que obliga a una persona a respetar los derechos de los demás es su propio interés. Si una persona quiere vivir y ser feliz, debe reconocer y respetar los hechos metafísicamente dados de la realidad (por ejemplo: el hecho de que todo, incluido el hombre, tiene una naturaleza específica), la naturaleza del hombre (es decir, el tipo de ser que es), los requisitos básicos de la vida y de la felicidad humana (por ejemplo: razón, metas a corto y largo plazo, autoestima) y las condiciones sociales que hacen posible la coexistencia humana pacífica (por ejemplo: derechos individuales, libertad y rule of law).

Por supuesto, aunque esta verdad se basa en la observación y la lógica, es sin embargo muy abstracta; para comprenderlo hay que hacer un esfuerzo mental sustancial, y no todos elegirán hacer ese esfuerzo. Pero la naturaleza abstracta de una verdad no altera su verdad. Así como la naturaleza abstracta de los principios de la física y de la biología no cambia el hecho de que esos principios son verdaderos, tampoco la naturaleza abstracta de los principios de la moralidad cambia el hecho de que estos principios son verdaderos. Así como conducir el auto por un precipicio o no tratar el cáncer tendrá un efecto negativo en la vida de uno, independientemente de si uno comprende los principios involucrados allí, también, ser irracional o violar los derechos tendrá un efecto negativo en la vida de uno, independientemente de que uno comprenda esos principios.

Violar los derechos no conduce ni puede conducir a la felicidad; necesariamente retrasa la vida, conduce a la infelicidad y puede conducir al encarcelamiento o la muerte prematura. La evidencia de esto está a nuestro alrededor: desde la “vida y felicidad” de Bernie Madoff (el fraude del esquema Ponzi de Wall Street) hasta la de John Gotti (“jefe” de la mafia), desde la “vida y felicidad” de Timothy McVeigh (El Bombardero de Oklahoma ) a la de Dillon Klebold y Eric Harris (asesinos de Columbine), de la “vida y felicidad” de Bashar al-Assad y Mu’ammar Gadhafi a la de varios estafadores y pequeños ladrones que deben preocuparse constantemente por ser atrapados, que saben que han elegido sobrevivir no como productores racionales sino como patéticos parásitos de tales productores, y cuyas vidas y almas resultan dañadas en consecuencia. A pesar de las declaraciones opuestas, éstas no son personas felices.

Pero incluso si los violadores de derechos pudieran engañarse a sí mismos haciéndose creer que son felices (lo cual no pueden), el hecho es que al violar los derechos de los demás, renuncian a algunos o a todos sus propios derechos; y las personas y los gobiernos que respetan los derechos pueden tratarlos moralmente en consecuencia. (Las opiniones de Rand sobre la naturaleza y la necesidad del gobierno y sobre la aplicación adecuada del principio de derechos a las diversas áreas de la vida social y política son un tema para otro día. Nuestra preocupación en este ensayo se limita a la derivación y al significado esencial del principio de derechos.)

Respetar los derechos de los demás, observó Rand, “es una obligación impuesta, no por el estado, sino por la naturaleza de la realidad”; se trata de una cuestión de “consistencia, que, en este caso, significa la obligación de respetar los derechos de los demás si uno desea que los propios derechos sean reconocidos y protegidos”. 44 Una persona no puede reclamar racionalmente la protección de un principio que repudia en acción.

* * *

Hemos visto los elementos esenciales de la derivación basada en la observación del principio de los derechos individuales de Rand: la verdad de que cada individuo moralmente debe ser libre para actuar según su propio juicio, siempre que no viole el mismo derecho de los demás. Este principio no proviene de Dios ni del gobierno; tampoco es evidente ni “inherente” a la naturaleza del hombre. Más bien, se deriva de la observación y la lógica. Se descubre y formula al observar la realidad, centrándose en hechos relevantes sobre la naturaleza de los valores, los requisitos de la vida, la naturaleza del hombre, la propiedad del egoísmo, el valor de la razón, la necesidad del hombre de actuar según su juicio y la naturaleza antivida de la fuerza física; al mismo tiempo integrando las propias observaciones en conceptos, generalizaciones y principios morales. Esto es lo que hizo Rand. Y es por eso que su teoría es cierta.

Es importante destacar que la teoría de Rand no cae (como algunas personas creen erróneamente) en la categoría de teoría de los “derechos naturales”. La suya es una teoría completamente diferente. Primero, mientras que la teoría de los derechos naturales sostiene que los derechos son leyes morales que emanan de lo “sobrenatural” (es decir, “Dios”), Rand mostró que los derechos son principios morales derivados de la naturaleza real. En ese sentido, si la teoría de los “derechos naturales” no tuviera una larga historia de representar una “teoría de derechos dada por Dios”, podría haber sido apropiado categorizar la teoría de Rand como una teoría de los derechos naturales. Pero la teoría de los derechos naturales tiene esa historia problemática; por lo tanto, es incorrecto incluir la teoría de Rand en esa categoría.45

En segundo lugar, la teoría de los “derechos naturales” sostiene que los derechos son “inherentes” a la naturaleza del hombre, es decir, “innatos” y una parte del hombre en virtud del hecho de que es hombre. Pero los derechos no son inherentes o innatos 46, razón por la cual (a) no hay evidencia que sugiera que lo sean, y (b) creer que lo son es burlado como “quien cree en brujas y unicornios”.

La teoría de Rand no sostiene que los derechos sean “inherentes”, sino que son objetivos, no que son “innatos”, sino que son identificaciones conceptuales de los requisitos fácticos de la vida humana en un contexto social. Su teoría es, como este ensayo se ha esforzado en demostrar, demostrablemente cierta.

Desafortunadamente, aunque la teoría de Rand es demostrablemente cierta, y aunque resuelve los problemas inherentes a las teorías tradicionales, pocas personas hoy están dispuestas a reconocerla y abrazarla. Debido a que nuestra cultura está impregnada de la noción de que el interés propio es malo, y debido a que la teoría de Rand se basa en el hecho de que el interés propio es bueno, muchas personas, incluso al leer o escuchar el argumento de Rand, lo ignorarán o negarán y seguirán aferrándose a los viejos puntos de vista de que los derechos vienen de “Dios” o son de alguna manera “inherentes” a la naturaleza humana. Pero ignorar o negar la prueba de Rand no puede cambiar el hecho de que los derechos reales, los derechos defendibles, dependen jerárquicamente y son de hecho extensiones lógicas del egoísmo.

Mientras que el principio del egoísmo es el reconocimiento del hecho de que cada persona debe actuar para promover su vida y es el beneficiario adecuado de sus propias acciones al servicio de la vida, el principio de derechos es el reconocimiento del hecho de que para que una persona pueda defender el principio del egoísmo, debe ser libre para actuar según su juicio. El primer principio da lugar al segundo.

Así como el concepto de vida hace posible y necesario el concepto de valor, también el principio del egoísmo hace posible y necesario el principio de los derechos. Y así como hablar de valor como algo separado de la vida es peor que una contradicción de términos, por así decirlo, hablar de los derechos como algo separado del egoísmo es peor que una contradicción de términos, y por la misma razón. Los “derechos” arrancados de su fundamento en el egoísmo no son derechos sino conceptos robados, conceptos arrancados del fundamento que les da origen, el fundamento que los conecta con la realidad, el fundamento sobre el que dependen jerárquicamente y en el que tienen un significado objetivo.

Las personas son libres de usar las palabras como quieran, pero no son libres de hacer desaparecer los hechos. Aparte del egoísmo, los derechos simplemente no tienen fundamento en la realidad.

Nosotros, quienes queremos defender los derechos del hombre a la vida, la libertad, la propiedad y la búsqueda de la felicidad; nosotros, quienes queremos vivir plenamente como seres humanos, debemos abrazar y defender las ideas subyacentes que sustentan y dan lugar al principio de derechos. Debemos abrazar y defender la teoría de los derechos demostrablemente verdadera de Rand.

Agradecimiento: Deseo agradecer a Alan Germani por sus útiles comentarios y sugerencias sobre los primeros borradores de este ensayo.


Créditos de la fotografía de paisaje en New York a: Ed Thompson

Notas de pie

1 Discurso de Sarah Palin en la Conferencia Win America Back, Independence, MO, 1 de mayo de 2010, http://www.youtube.com/watch?v=zLcQnvpamZU

2 Rush Limbaugh, “The Smallest Minority on Earth”, 31 de marzo de 2009, http://www.rushlimbaugh.com/home/daily/site_033109/content/01125110.guest.html.

3 Newt Gingrich, “A Conservative Plan for Victory,” Front Page Magazine, 6 de abril de 2005, http://www.frontpagemag.com/Articles/ReadArticle.asp?ID=17624.

4 “A Moment of Silence For Glenn Beck and James Dobson,” 26 de enero de 2009, http://malcantro.newsvine.com/_news/2009/01/26/2354412-a-moment-of-silence-for-glenn-beck-and-james-dobson.

5 E. J. Dionne Jr., “The Price of Liberty”, Washington Post, 15 de abril de 2003,  http://www.washingtonpost.com/ac2/wp-dyn?pagename=article&contentId=A26667-2003Apr14&notFound=true.

6 Stephen Holmes y Cass R. Sunstein, The Cost of Rights: Why Liberty Depends on Taxes (Nueva York: W. W. Norton & Company, 2000), pág. 17.

7 Citado en Sidney Hook, The Paradoxes of Freedom (Berkeley: University of California Press, 1962), pág. 8.

8 Las frases “derechos civiles”, “derechos procesales”, “derechos legales” y similares incluyen apropiadamente calificativos en reconocimiento del hecho de que el concepto apropiado de “derechos” es un concepto moral.

9 John Locke, Second Treatise of Civil Government (1690), cap. 2, sec. 6. http://www.constitution.org/jl/2ndtr02.htm.

10 Thomas Jefferson a William Johnson, 12 de junio de 1823, en Writings of Thomas Jefferson, editado por Andrew A. Lipscomb y Albert Ellery (Washington, DC: Thomas Jefferson Memorial Association, 1905), http://press-pubs.uchicago.edu/founders/documents/v1ch15s67.html.

11 Thomas Jefferson, Opinion on French Treaties, 1793, TeachingAmericanHistory.org, http://teachingamericanhistory.org/library/index.asp?document=623.

12 First Draft of the Declaration of Independence, Papers of Thomas Jefferson, Universidad de Princeton, http://www.princeton.edu/~tjpapers/declaration/declaration.html; letter to Major John Cartwright, 5 de junio de 1824, Letters of Thomas Jefferson, Biblioteca de la Universidad de Virginia, http://etext.virginia.edu/etcbin/toccer-new2?id=JefLett.sgm&images=images/modeng&data=/texts/english/modeng/parsed&tag=public&part=276&division=div1.

13 Thomas Jefferson, A Summary View of the Rights of British America, 1774, en Writings of Thomas Jefferson,http://press-pubs.uchicago.edu/founders/documents/v1ch14s10.html.

14 Locke, Second Treatise, cap. 2, sec. 6.

15 Este significado se corrobora a lo largo de los escritos de Locke, incluso en su definición de ley natural como “el mandato de la voluntad divina, cognoscible por la luz de la naturaleza, que indica lo que está y no está en consonancia con una naturaleza racional, y por ese mismo hecho ordena o prohibe “. (Questions Concerning the Law of Nature [Ithaca, NY: Cornell University Press, 2ª ed., 2008], pág. 101.).

16 Jefferson, Opinion on French Treaties.

17 Thomas Jefferson, argumento legal en el caso de Howell vs. Netherland 2, 1770, en Works of Thomas Jefferson, vol. 1, ed. Federal. (Nueva York y Londres, G.P. Putnam’s Sons, 1904–5), http://oll.libertyfund.org/?option=com_staticxt&staticfile=show.php%3Ftitle=800&chapter=85803&layout=html&Itemid=27.

18 The Works of Alexander Hamilton: Miscellanies, 1774-1789, vol. 2, editado por John C. Hamilton (Nueva York: John F. Trow, 1854), pág. 43.

19 Citado en Scott Douglas Gerber, To Secure These Rights: The Declaration of Independence and Constitutional Interpretation (Nueva York: NYU Press, 1996), pág. 106.

20 John Adams, Papers of John Adams, vol. 1 (Cambridge: Harvard University Press, 1977), pág. 112.

21 Ayn Rand, “Conservatism: An Obituary,” en Capitalism: The Unknown Ideal (Nueva York: Signet, 1967), pág. 197.

22  Alasdair MacIntyre, After Virtue, 2ª ed. (Notre Dame: University of Notre Dame Press, 1984), págs. 68–70.

23 Para más detalles, véase Ayn Rand, The Virtue of Selfishness (Nueva York: Signet, 1964); Craig Biddle, Loving Life: The Morality of Self-Interest and the Facts that Support It (Richmond: Glen Allen Press, 2002); Tara Smith, Viable Values: A Study of Life as the Root and Reward of Morality (Lanham, MD: Rowman & Littlefield, 2000); Tara Smith, Ayn Rand’s Normative Ethics: The Virtuous Egoist (Cambridge: Cambridge University Press, 2007).

24 Ayn Rand,“The Objectivist Ethics,” in The Virtue of Selfishness, pág. 13.

25 Rand, “The Objectivist Ethics,” pág.16.

26 Rand, “The Objectivist Ethics,” pág.16.

27 Rand,“The Objectivist Ethics,” pág.16.

28 Para una discusión más completa de esta derivación, vea Rand, The Virtue of Selfishness; Biddle, Loving Life, y Smith, Viable Values.

29 Esta pregunta, de paso, elimina todo el enfoque ético basado en el deber que defienden Immanuel Kant y otros. Si el hombre necesita valores, entonces debe necesitarlos para algún propósito que sirva a la vida. ¿Qué más podría significar “necesidad”? Si el hombre no necesita valores, entonces no tiene sentido decirle qué código de valores debe adoptar.

30 Rand, “The Objectivist Ethics,” pág. 18.

31  Cf. Ayn Rand, “Philosophical Detection”, en Philosophy: Who Needs It (Nueva York: Signet, 1984), pág. 22, nota al pie.

32 Véase Ayn Rand, “Introducing Objectivism”, en The Voice of Reason (Nueva York: Meridian, 1990), pág. 4.

33 Véase Leonard Peikoff, Objectivism: The Philosophy of Ayn Rand (Nueva York: Dutton, 1991), págs. 229-30.

34 Rand, “The Objectivist Ethics”, págs. 32-33.

35 Rand, “The Objectivist Ethics”, págs. 22-23.

36 Por supuesto, una persona puede actuar de manera irracional en ocasiones y permanecer viva. Pero tales acciones son, sin embargo, contrarias a las exigencias de su vida; no la adelantan; la retrasan, sofocan o frustran hasta cierto punto. Por ejemplo, uno puede inyectarse heroína en las venas de vez en cuando y no morir de inmediato, pero, a menos que exista algún valor medicinal genuino al hacerlo, la droga tendrá un efecto negativo en mi vida. Del mismo modo, uno puede dejar de hacer el esfuerzo necesario para lograr la carrera o el estilo de vida que desea, pero entonces no prosperará en la medida en que podría haberlo hecho si hubiera realizado el esfuerzo.

37 Cf. Ayn Rand, For the New Intellectual (Nueva York: Signet, 1963), pág. 134.

38 Ayn Rand, “America’s Persecuted Minority: Big Business”, en Capitalism: The Unknown Ideal (Nueva York: Signet, 1967), pág. 46.

39 Rob Hotakainen,  “In the Face of Death: Terminally Ill Patients Want Quicker Access to Experimental Drugs,” Boulder Weekly, 29 de mayo de 2008, http://boulderweekly.com/archives/20080529/onlineexclusivebandofsisters.html.

40 Ayn Rand, “Man’s Rights,” in The Virtue of Selfishness, pág. 108.

41 Rand, “Man’s Rights,” pág. 110.

42 Rand, “Man’s Rights,” pág. 110.

43 Rand, “Man’s Rights,” pág. 113.

44 Ayn Rand, “The Wreckage of the Consensus”, en Capitalism: The Unknown Ideal, pág. 227.

45 Algunos teóricos de los derechos naturales han afirmado que la ley moral natural, y por lo tanto los derechos naturales, son inherentes a la realidad, más allá o independientemente de la existencia de Dios. Por ejemplo, Hugo Grocio, el jurista holandés del siglo XVII, que influyó en Locke, escribió que la ley moral natural “tendría cierto grado de validez incluso si admitiéramos aquello que no se puede conceder sin la mayor malicia, que no hay Dios, o que los asuntos de los hombres no le conciernen”. Pero, que yo sepa, ni Grocio ni nadie más (con la excepción de Ayn Rand) ha demostrado jamás cuáles son estas leyes morales naturales, ha probado su contenido específico, o ha demostrado cómo dan lugar a los derechos.

46 Y es bueno que los derechos no sean inherentes. Si los derechos fueran de alguna manera inherentes al hombre en virtud de ser hombre, entonces nunca podríamos castigar a las personas que violan derechos, porque usar la fuerza de represalia contra ellos violaría los “derechos” que tienen “inherentemente” y que, por lo tanto, siempre conservan en virtud de ser humano. Debido a que la teoría de Rand se basa y se deriva de los requisitos observables de la vida del hombre, no está afligida por contradicciones con respecto a esos requisitos. Según la teoría de Rand, los derechos son inalienables, en el sentido de que otros no pueden quitarnos o anular los derechos de uno; pero también son perdibles, en el sentido de que uno puede renunciar a sus propios derechos violando los derechos de los demás. Si y en la medida en que una persona viola los derechos de los demás, renuncia a sus propios derechos y puede ser castigado en consecuencia. Su elección de violar los derechos lo coloca fuera del propósito del principio y por ende del alcance de su protección. Una vez más, uno no puede reclamar la protección de un principio que uno repudia en acción.


Traducido al español por Fermín Elizalde.

Revisado por María Marty.